Antes de empezar me gustaría subtitular dicha reflexión con el nombre de “Un sueño de paz en medio de la pesadilla de la guerra”.

         Nos echamos las manos a la cabeza cuando escuchamos los conflictos que han estado pasando alrededor del mundo, desde la guerra en Siria, el conflicto bélico entre Israel y Palestina, países en conflictos civiles por la represión de sus respectivos gobiernos como Cuba, Venezuela, Colombia… Y el tema que abordaré en este artículo es la reflexión e importancia de un organismo que siempre está al tanto de las cuestiones humanitarias en los momentos de guerra, el Derecho Internacional Humanitario (DIH).

         El DIH pertenece a la rama del Derecho Internacional, que defiende los principios humanitarios y los tratados internacionales que procuran salvar vidas y aliviar el sufrimiento de combatientes y no combatientes durante un conflicto armado.

       Los conflictos armados son tan antiguos como la humanidad misma. En la guerra siempre existieron las prácticas consuetudinarias, pero los Estados empezaron a formular normas internacionales destinadas a limitar los efectos de los conflictos armados por razones humanitarias sólo en los últimos 150 años. Los Convenios de Ginebra y los Convenios de La Haya son los ejemplos principales de esas normas. Esta rama del derecho, DIH, se conoce también como derecho de la guerra o derecho de los conflictos armados.

         El DIH forma parte del cuerpo de Derecho Internacional que rige las relaciones entre los Estados. El DIH tiene por objeto limitar los efectos de los conflictos armados por razones humanitarias. Su finalidad es proteger a las personas que no participan o han dejado de participar en las hostilidades, a los enfermos y heridos y a los prisioneros y las personas civiles, y definir los derechos y las obligaciones de las partes en un conflicto en relación con la conducción de las hostilidades.

         En su calidad de ley, el DIH impone obligaciones a las partes en los conflictos armados. No sólo deben respetar la ley, sino que tienen la obligación de hacer que se respete.

         La iniciativa del primer convenio provino de cinco ciudadanos de Ginebra. Uno de ellos, Henry Dunant, fue testigo casual de la batalla Solferino, en 1859. Horrorizado al observar la ausencia de toda ayuda para los heridos, organizó a los residentes locales para que les brindaran asistencia. Este acto dio origen a uno de los elementos clave del primer convenio: el trato humano de las personas que han dejado de participar en los enfrentamientos, independientemente del bando al que pertenezcan. También en este momento, se adoptó un signo protector neutral para quienes ayudaban a las víctimas de los conflictos: una cruz roja sobre fondo blanco.

       En el siglo y medio siguiente, el cuerpo del DIH fue creciendo. En 1906 y 1929, se amplió el Convenio de Ginebra para aliviar la suerte que corren los heridos y los enfermos de las fuerzas armadas en campaña y definir nuevas normas sobre la protección de los prisioneros de guerra. En 1899 y 1907, también se adoptaron los Convenios de La Haya, cuyo objetivo básico era reglamentar la conducción de la guerra. En agosto de 1949 se adoptaron los cuatro Convenios de Ginebra tal como se conocen hoy. Esta vez, también abarcaron la protección de las personas civiles, en respuesta a la terrible experiencia de la Segunda Guerra Mundial.

         En 1977 y 2005, se añadieron Protocolos a los Convenios de Ginebra; por otra parte, una serie de otros convenios y protocolos internacionales, que abarcan ámbitos específicos como las armas convencionales, las armas químicas, las minas antipersona, las armas láser, las municiones en racimo y la protección de los niños en los conflictos armados, han ampliado el alcance del DIH, como lo ha hecho también la codificación del Derecho consuetudinario. Sin embargo, su núcleo sigue siendo los Convenios de Ginebra y sus Protocolos adicionales, que establecen obligaciones jurídicas claras y consagran los principios humanitarios fundamentales.

        Los soldados que se rinden o que están fuera de combate tienen derecho a que se respete su vida y su integridad moral y física. Está prohibido darles muerte o herirlos.

         La Parte en conflicto en cuyo poder estén recogerá y prestará asistencia a los heridos y a los enfermos. También se protegerá al personal sanitario, los establecimientos, los medios de transporte y el material sanitarios.

        Los combatientes capturados tienen derecho a que se respeten su vida, su dignidad, sus derechos personales y sus convicciones. Serán protegidas contra todo acto de violencia y de represalia. Tendrán derecho a intercambiar noticias con sus familiares y a recibir socorros.

Los civiles que se encuentren bajo la autoridad de una parte en el conflicto o de una potencia ocupante de la cual no sean nacionales tienen derecho a que se respeten su vida, su dignidad, sus derechos personales y sus convicciones.

         Cualquier persona se beneficiará de las garantías judiciales fundamentales. Nadie será condenado salvo en virtud de una sentencia previa pronunciada por un tribunal legítimamente constituido. No se considerará a nadie responsable de un acto que no haya cometido, ni se someterá a nadie a tortura física o mental ni a castigos corporales o a tratos crueles o degradantes.

         El Comité Internacional de la Cruz Roja es considerado el “guardián” de los Convenios de Ginebra y de los otros tratados que conforman el derecho internacional humanitario. Sin embargo, no puede actuar como policía ni como juez. Esas funciones incumben a los gobiernos, es decir, a las partes en los tratados internacionales que tienen la obligación de prevenir y poner fin a las infracciones del DIH. También se les exige castigar a las personas responsables de lo que se conoce como “infracciones graves” del DIH o crímenes de guerra.

     Ahora, me gustaría comentar mi gran desconformidad con la ONU, la cual es responsable y bautizada para mantener la paz y la seguridad internacional de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas, pero ¿es realmente así? Las Naciones Unidas cumplen 70 años en el punto de mira por su inactividad ante conflictos internacionales y violaciones de los derechos humanos, guerras como la de Siria mostró su inactividad.

         También la estructura que presenta la ONU ha sido tema de polémica, países con derecho a veto, en un mundo de intereses políticos y gubernamentales, hasta qué punto llega a ser valido sus vetos. El poder de veto del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se refiere al poder de veto ejercido exclusivamente por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos), permitiéndoles evitar la aprobación de cualquier resolución “sustantiva”.

         Y lo que realmente me preocupa es hasta cuándo esta inactividad por los conflictos. Realmente ¿vela por la paz o dependiendo de los intereses que estén en juego? ¿Es un órgano verdaderamente neutral? ¿El derecho a veto sigue siendo factible hoy en día?

         Por eso es necesario el DIH, servicios que velan por la humanidad de manera práctica, a pesar de que la ONU no intervenga a dar soluciones, el Derecho humanitario sigue protegiendo y evitando el sufrimiento en el conflicto armado. Pero si en vez de curar las heridas de las guerras actúan para que no haya directamente con medidas eficaces y que velen verdaderamente los intereses humanos. La ONU tiene una finalidad sin su actividad recaen más carga en otros órganos inferiores como el DIH, es necesario una reactivación y la puesta en marca de verdaderas políticas para resolver los conflictos, las vidas humanas no es cuestión de duda.

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SOBRE LA AUTORA

Fátima Abozied Socarrás es estudiante del doble grado en ADE y Derecho en la Universidad Rey Juan Carlos.

Dentro de sus grandes aficiones está la oratoria y el debate, siendo socia del Club de Debate de la URJC, y ha participado en programas como Playz o conferencias de BBVA.

Tiende a inclinarse más por el mundo empresarial, por lo que el Derecho Mercantil y Administrativo la apasionan, aunque también siente gran interés hacia las materias que tratan temas internacionales.

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