Si entendemos que la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) tiene una triple dimensión: i) la dimensión social; ii) la dimensión ética y iii) la dimensión legal; el Compliance es la manifestación legal de la Responsabilidad Social Corporativa, que consiste en detectar y gestionar los riesgos de incumplimiento de las obligaciones legales, mitigar los riesgos de sanciones y las pérdidas que se deriven de tales incumplimientos mediante la estricta observancia de la normativa nacional e internacional aplicable a la empresa y el establecimiento de políticas y controles internos.

En los últimos años el término “Compliance” o cumplimiento normativo ha cristalizado en nuestras vidas y la tendencia es que su ámbito de aplicación sea cada vez más amplio. Sin embargo, se acusa una clara tendencia a reducir el Compliance a la mera cultura del checklist, es decir, cuidar las apariencias de que la empresa cumple con las normas, sin entender el auténtico calado que la cultura del cumplimiento normativo tiene en una organización, en la sociedad, para lo cual es preciso comprender su origen, su filosofía transcendente, su ratio essendi, y ello empieza por recuperar la triple dimensión de la RSC y respetarlas, en especial en lo que respecta a su dimensión ética y social, dado que si verdaderamente actuamos convencidos de su incuestionable valor, el cumplimiento de las normas -el Compliance– se producirá de manera voluntaria e inmediata, dado que se producirá una suerte de conversión y comunión perfecta entre nuestra responsabilidad social y ética y nuestro natural respeto de la normas como única forma de trabajar para asegurar la sostenibilidad de las empresas. Cuidar de los empleados, formarles en las buenas prácticas, ofrecer medidas de flexibilidad laboral, impulsar la comunicación interna y externa, la confianza, es una inversión en la futura viabilidad de las empresas. El compromiso sólo se consigue a través de la ejemplaridad y ésta ha de impulsarse de arriba abajo.

Sin el apoyo y la ejemplaridad de la alta dirección en la implementación del cumplimiento normativo en la cultura organizativa, sólo podríamos estar ante un espejismo sin una virtualidad real. Una vez recabado el convencimiento de los gestores de que no existe otra forma adecuada de trabajar en el seno de una empresa que respetando las normas, procede crear el adecuado marco normativo interno que proyecte esta realidad.

Es, por ello, que los objetivos de cumplimiento que identifica una organización han de plasmarse en un conjunto de normas, políticas y procedimientos alineados con los mismos y, en cuya cúspide, hallaremos el Código Ético que recogerá los principios y valores esenciales inspiradores del Ordenamiento Jurídico Interno de la organización.

Desde un punto de vista práctico, resulta crucial no sólo la existencia de las políticas sino su puesta en conocimiento a los empleados y la aplicación real de las mismas. De ahí la inexorable necesidad de cuidar la comunicación interna y liderar con el ejemplo.

En un entorno económico VUCA (volatility, uncertainty, complexity, ambiguity), en crecimiento potencial, basado en la economía del dato y de la automatización; cuyo entorno social está motorizado, es individualista y en el que el crecimiento es el dogma por encima de la sostenibilidad.

De manera repentina, como consecuencia de una pandemia, nos hemos visto obligados a asumir importantes retos para los que no estábamos todos preparados: alta digitalización, trabajo en equipo remoto, gestión de problemas ad hoc ocasionados por el coronavirus, teletrabajo y conciliación familiar, solidaridad, búsqueda de financiación, inseguridad jurídica, etc. Sin embargo, nos ha ayudado a hacer de la necesidad virtud y a encontrar nuestro lado más resiliente, siendo capaces de haber sabido encontrar las externalidades positivas de una situación sin precedente en la memoria viva. A saber:

i) El coronavirus ha sido un elemento propulsor de la digitalización. Todos hemos avanzado en cuestión de horas a trabajar en un entorno más digital.

ii) El coronavirus nos ha ayudado a ser más creativos, a buscar soluciones diferentes ante los problemas que veníamos teniendo y ante nuevos problemas ligados con las circunstancias de crisis.

iii) El coronavirus nos ha obligado a parar, a poner freno a nuestro día a día motorizado y a quedarnos en casa, trabajar en un entorno familiar, reflexionar, empatizar, priorizar.

iv) El coronavirus nos ha recordado que somos vulnerables, que somos un elemento más de la madre Naturaleza y que tenemos que reequilibrar fuerzas. Hemos aprendido la importancia del yin-yang frente a la soberbia humana.

v) El coronavirus ha demostrado que las empresas son las personas que la forman y la cultura que proyecta, sus valores, sus principios, sus actuaciones.

vi) El coronavirus ha ayudado a dejar aflorar al líder que todos llevamos dentro y ha cuestionado las formas de liderazgo que se apartan de la ética. Como apuntaba Aristóteles en su obra “Ética a Nicómaco”, la magnanimidad como la virtud del líder: el estado de la perfecta humanidad en el que se unifican todas las virtudes.

Aristóteles afirma que “una golondrina no hace verano”, significando que no nacemos buenos o malos por naturaleza, sino que seremos una cosa o su contraria según las costumbres que vayamos adoptando: no se nace virtuoso sino que hay que aprender a serlo. Hemos aprendido que hemos de cambiar el hedonismo como finalidad al eudemonismo (la felicidad hallada en la excelencia, la meritocracia, el esfuerzo por el trabajo bien hecho).

En esta línea, sentirse mentor en los equipos de trabajo, en la sociedad, es un acto de responsabilidad para cuidar de los demás, para servir de referente profesional tratando de transmitir los valores positivos que ayudan a impulsar el cambio social a través del sendero del cumplimiento normativo y de la generosidad.

Una sociedad que se apoya en sendos valores (cumplimiento normativo y generosidad) es una sociedad responsable, una sociedad imparable. Esta premisa ha calado en el ADN de la asociación Women in a Legal World (WLW) como presupuesto básico para impulsar el cambio social, y lo hemos materializado en el impulso de talleres formativos para compartir conocimiento relacionado con el liderazgo en el sector legal, o bien en la creación de un capítulo de abogadas jóvenes incardinado en el seno de la organización que comulguen con el deseo de conectar, liderar e inspirar a las generaciones venideras -Women in a Legal World Young-, así como en el lanzamiento de un Programa de Mentoring destinado a juristas en ciernes.

El Mentoring aporta beneficios bidireccionales puesto que es enriquecedor para sendas partes y es un ejemplo excepcional de la asimilación de la responsabilidad social ad intra.

Ser generoso con la sociedad crea un efecto multiplicador imparable, es el impulso de la “cadena de favores” que todo ser humano, por ser un ser social, debería cumplir como un mandamiento diario. El resultado de aplicar la responsabilidad social ad intra como forma de vida es tan excepcional que pareciera magia. Precisamente esa es la magia de darse: recibes mucho más cuando te entregas a los demás.

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sobre la autora

Clara Cerdán Molina es abogada, economista, Directora Asesoría Jurídica del Grupo Ferroatlántica y Vicepresidenta de Women in a Legal World, organización sin fines de lucro fundada por y para mujeres profesionales del sector legal que desean transformar el entorno en el que se desenvuelven.

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