Uno de los principales retos que tienen por delante los abogados es la mejora en el manejo de la oratoria y el lenguaje no verbal.

Un buen uso de la oratoria va a significar tener la capacidad de, persuadiendo a nuestro oyente u oyentes, incrementar nuestras posibilidades de éxito respecto del objetivo que tengamos.

Esa relevancia tiene dos vertientes diferenciadas: por un lado, incrementamos las posibilidades de éxito en un juicio, pues si tenemos la capacidad de transmitir al juez nuestros argumentos de forma estructurada, sencilla y dinámica, será más probable que en su memoria se quede fijado nuestro argumentario por encima del contrario y, además, lo entenderá mejor; y por otro lado, incrementamos nuestras posibilidades de generar confianza y, con ello, de captar clientes y fidelizarlos.

La manera en la que comunicamos va a ser determinante en la consecución de nuestros objetivos. Es igual de importante el contenido del mensaje que tratamos de trasladar que la forma en la que lo hacemos. La fluidez verbal, la elocuencia, concisión, el ritmo, el tono y el uso adecuado de las pausas son elementos fundamentales para que nuestro mensaje tenga el mayor impacto posible.

En la formación universitaria, por desgracia, no se le da ninguna importancia a la oratoria, avocando a muchísimos estudiantes a que su potencial se vea limitado en la búsqueda activa de empleo cuando se lanzan al mercado laboral.

En esa línea, urge incorporar en los planes de estudios un número determinado de horas de formación relacionadas con la oratoria y el manejo de las técnicas del lenguaje no verbal. Ello ayudaría a que nuestros estudiantes, una vez finalizado el período de formación universitaria, puedan salir a competir al mercado laboral con más garantías de éxito. Esta urgencia cobra mayor sentido aún cuando se trata de una carrera como Derecho, en la que la mayoría de salidas profesionales van a obligar a la persona a estar relacionándose, de forma constante, con otras personas, siendo además especialmente relevantes las consecuencias de saber no saber comunicar.

En tanto en cuanto los planes de estudio no incorporen formación en esa línea, es importante animar a los estudiantes a que se formen por su cuenta, realicen cursos de oratoria, participen en torneos de debate jurídico, expongan en público trabajos o prácticas y realicen aquellos exámenes que sea posible de forma oral. De esa forma saldrán al mercado laboral con una cierta ventaja sobre sus competidores, lo cual les ayudará a encontrar mejores empleos y en menor tiempo.

Debemos concienciarnos de que saber comunicar de forma adecuada es, como mínimo, igual de importante que hablar idiomas y que los conocimientos puramente técnicos.

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SOBRE EL AUTOR

Álvaro Escudero es abogado especializado en Derecho Penal y socio del Despacho Almiro Abogados. Está sólidamente comprometido con la abogacía joven, como Secretario de la Junta Directiva de AJA Madrid.

Igualmente trata de fomentar el emprendimiento desde la Asociación de Jóvenes Empresarios de Madrid, en la que ocupa los cargos de Secretario General y Portavoz de Prensa.

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